Liber XXXIII 

Una Descripción de la A∴A∴ 

 

A∴A∴ 

Publicación en Clase C

 

Traducción de

Pyramidos Clerk House

 

 

[Los Revisores desean reconocer con gratitud la traducción de Madame de Steiger, a quien han citado libremente.]

 

Es necesario, mis queridos hermanos, daros una clara idea de la Orden interior; esa comunidad iluminada dispersada por todo el mundo pero gobernada por una única verdad y unida por un único espíritu.

 

Esta comunidad posee una Escuela donde todos los que tienen sed de conocimiento son instruidos por el Espíritu de la Sabiduría mismo, y donde todos los misterios de la naturaleza son preservados para los hijos de la luz. Un perfecto conocimiento de la naturaleza y de la humanidad es instruido allí. Es por medio de ella que todas las verdades penetran en el mundo; es la escuela de todos aquellos que buscan la sabiduría, y es en esta comunidad únicamente donde puede encontrarse la verdad y la explicación de todos los misterios. Es la más oculta de las comunidades, y sin embargo cuenta con miembros en diversos círculos, y no hay Escuela de Pensamiento alguna cuya actividad no se deba a la presencia de alguno de nosotros. Desde siempre ha habido una escuela exterior basada en la interior, de la cual aquella no es sino una expresión exterior. Desde siempre por lo tanto ha habido una asamblea interior, una sociedad de los Elegidos, de los que buscan la luz y tienen capacidad para ella, y esta sociedad interior es el Eje de la R.O.T.A. (Rueda). Todo lo que una orden exterior posee en forma de símbolo, ceremonia, o rito, es la palabra expresada exteriormente de ese espíritu de la verdad que habita en el Santuario interior. No hay tampoco contradicción alguna que pueda darse en lo exterior que suponga traba alguna para la armonía de lo interior.

 

De ahí que este Santuario, compuesto por miembros ampliamente diseminados pero unidos por los lazos de un amor perfecto, se haya ocupado desde las edades más tempranas (a través de la evolución de la humanidad) de construir el gran Templo por medio del cual el reino de la L.V.X.  se manifestará. Esta sociedad se halla en la comunión de aquellos que tienen más capacidad para la luz; ellos están unidos en la verdad, y su Jefe es la Luz del Mundo misma, V.V.V.V.V., el Ungido de Luz, el único maestro de la raza humana, el Camino, la Verdad, y la Vida.

 

Esta Orden Interior fue formada inmediatamente después de que por primera vez surgiera la percepción de un mayor patrimonio de la humanidad en el primero de los adeptos, que recibió de la mano de los Maestros la revelación de los medios por los cuales la humanidad puede hacerse dueña de sus derechos y liberarse de su miseria. Este adepto recibió el contenido original de toda revelación y todo misterio; recibió la clave de la ciencia verdadera, tanto divina como natural.

 

Pero a medida que la humanidad se multiplicó, la flaqueza del hombre hizo necesaria una sociedad exterior que velara la interior y ocultara el espíritu y la verdad en la letra, porque la mayoría no eran capaces de comprender las grandes verdades interiores. Así pues dichas verdades fueron encubiertas en ceremonias externas y perceptibles para que los hombres, por medio de la percepción de lo exterior (lo cual no es sino símbolo de lo interior) pudieran gradualmente y sin riesgo ser capaces de aproximarse a las verdades espirituales interiores.

La verdad interior siempre fue confiada a aquel que en su día tuvo la mayor capacidad para la iluminación, convirtiéndose así en el único guardián de la Confianza original; el Gran Sacerdote del Santuario.

 

Cuando a causa de la debilidad de aquellos hombres incapaces de percibir la Luz de la Luz se hizo necesario que las verdades interiores se envistieran en símbolos y ceremonias exteriores, el culto exterior empezó. Este fue siempre sin embargo el carácter o el símbolo de lo interior, es decir, el símbolo del verdadero y Secreto Sacramento.

 

El culto exterior nunca se hubiera separado del interior de no ser por la debilidad del hombre, que tiende con demasiada facilidad a olvidar el espíritu de la letra. Pero los Maestros vigilan para señalar en cada nación a aquellos que son capaces de recibir la luz, los cuales son empleados como agentes para difundirla de acuerdo con la capacidad de los hombres, y para revivir la letra muerta.

 

A través de estos instrumentos las verdades interiores del Santuario llegan a todas las naciones, donde son modificadas simbólicamente de acuerdo con las costumbres de su gente, su capacidad para la instrucción, su clima, y su receptividad. De manera que las formas externas de toda religión, culto, ceremonia y Libro Sagrado en general tienen como objeto de instrucción, con mayor o menor claridad, las verdades interiores del Santuario por medio de las cuales el hombre será conducido al conocimiento universal de la única Verdad Absoluta.

 

Cuanto más hayan permanecido unidos el culto exterior de un pueblo con el espíritu de la verdad esotérica, más pura será una religión; pero cuanto más amplias sean las diferencias entre la letra simbólica y la verdad invisible, más imperfecta se volverá ésta. Finalmente, puede ocurrir que la forma exterior se separe por completo de la verdad interior, dejando únicamente prácticas ceremoniales sin alma ni vida alguna.

 

En medio de todo esto, la verdad reposa inviolable en su Santuario interior.

 

Fieles al espíritu de la verdad, los miembros de la Orden interior viven en silencio, pero en auténtica actividad.

 

Sin embargo, junto a su trabajo sagrado y secreto, tienen también en ocasiones que decidir sobre acciones políticas estratégicas.

 

Así, cuando la corrupción y la oscuridad reinaron sobre la tierra a causa de la Gran Hechicería, la Hermandad envió a Mahoma para traer libertad a la humanidad por medio de la espada.

 

Pero no teniendo esto más que un éxito parcial, fabricaron un Lutero para enseñar libertad de pensamiento. Sin embargo esta libertad pronto se convirtió en una esclavitud aún más opresiva que la anterior.

 

Entonces la Hermandad envió a los hombres el conocimiento de la naturaleza y las claves de ese conocimiento, pero esto también lo impidió la Gran Hechicería.

 

Y ahora finalmente y de una forma inexpresable, como alguien de nuestra Hermandad se propone declarar, han traído a Alguien para entregar a los hombres las claves del Conocimiento Espiritual, y por Su trabajo debe ser Él juzgado.

 

Esta comunidad interior de la luz es la asamblea de todos aquellos capaces de recibir esa luz, y es conocida como la Comunión de los Santos, el receptáculo original de toda fuerza y toda verdad, confiadas a ésta desde siempre.

 

Fue ésta comunidad la que formó a los agentes de la L.V.X. a lo largo de todas las épocas, pasando de lo interior a lo exterior, e infundiendo espíritu y vida a la letra muerta, como ya hemos dicho.

 

Esta comunidad iluminada es la escuela verdadera de la L.V.X.; tiene su Cátedra, sus Doctores; posee reglas para sus estudiantes; formas y objetos para el estudio.

 

Tiene también sus grados para que el estudiante se desarrolle progresivamente hasta grandes alturas.

 

Esta escuela de la sabiduría ha estado siempre más bien oculta al mundo, porque es invisible y sólo se pliega a un gobierno iluminado.

 

Nunca ha sido expuesta a los accidentes del tiempo ni a la debilidad del hombre, porque sólo los más capaces fueron elegidos para ésta, y esos elegidos no han cometido fallo alguno.

 

A través de esta escuela se han desarrollado los gérmenes de todas las ciencias sublimes, los cuales fueron primeramente recibidos por escuelas exteriores, siendo luego estas ciencias cubiertas con otras formas, a partir de lo cual degeneraron.

 

Conforme al tiempo y las circunstancias, la sociedad de sabios comunicó a las sociedades exteriores sus jeroglíficos simbólicos, con el fin de atraer al hombre a las grandes verdades de su Santuario.

 

Pero todas las sociedades exteriores subsisten sólo por virtud de ésta sociedad interior. Tan pronto como las sociedades exteriores pretenden transformar el templo de la sabiduría en una construcción política, la sociedad interior se retira y deja la letra a solas sin el espíritu. Por esa razón muchas sociedades externas de sabiduría no fueron más que proyecciones jeroglíficas, permaneciendo la verdad inviolable en el Santuario para que nunca pueda ser profanada.

 

En esta sociedad interior el hombre encuentra sabiduría y con ella lo encuentra Todo: no la sabiduría de este mundo, la cual no es más que conocimiento científico, que da vueltas en el exterior pero nunca llega a tocar el centro (donde está contenida toda la fuerza), sino verdadera sabiduría, entendimiento y conocimiento, reflejos de la iluminación suprema.

 

Todas las disputas, todas las controversias, todo lo concerniente a las falsas preocupaciones de este mundo, discusiones infructuosas, gérmenes inútiles de opinión que esparcen las semillas de la división, todos los errores, cismas, y sistemas son desterrados. Tampoco calumnia o escándalo algunos son conocidos. Todo hombre es honrado. Únicamente reina el amor.

 

No debemos, sin embargo, imaginar que esta sociedad se asemeja a sociedad secreta alguna, reuniéndose en momentos determinados, escogiendo miembros y líderes, unidos por propósitos particulares. Todas las sociedades, sean de la clase que sean, no pueden más que ir a la zaga de este círculo interior iluminado. Esta sociedad no conoce ni una sola de las formalidades pertenecientes a los círculos exteriores, producto del hombre. En este reino de poder todas las formas exteriores dejan de manifestarse.

 

La L.V.X. es el Poder siempre presente. El hombre más grande de su tiempo, el mismo líder, no siempre conoce a todos sus miembros, pero en el momento en que es necesario que deba llevar a cabo cualquier cosa, los encuentra con total seguridad y dispuestos en su ayuda.

 

Esta comunidad no tiene barreras exteriores. Aquel que pueda ser escogido es como el primero: se presenta a los otros sin presunción, y es recibido sin envidias.

 

Si es necesario que miembros legítimos se reúnan, se encontrarán y reconocerán con total certeza.

 

No existe disfraz, hipocresía ni disimulo alguno que puedan ocultar las cualidades características que distinguen a los miembros de esta sociedad. Toda ilusión se desvanece, y las cosas aparecen en su verdadera forma.

 

Ningún miembro puede escoger a otro, pues para ello una elección unánime es requerida. Aunque no todos los hombres son llamados, muchos de los llamados son escogidos, tan pronto como se vuelven aptos para el ingreso.

 

Cualquiera puede aspirar al ingreso, y cualquiera que esté ya dentro puede enseñar a otro a conseguirlo; pero sólo aquellos que sean aptos puede llegar hasta dentro.

 

Los hombres no preparados ocasionan desorden en la comunidad, y el desorden es incompatible con el Santuario. De esta manera es imposible profanar el Santuario, ya que la admisión no es formal sino real.

 

La inteligencia terrenal busca este Santuario en vano; infructuosos son también los intentos de la maldad por penetrar estos grandiosos misterios; todo es indescifrable para quien no está maduro, no puede ver nada, leer nada en el interior.

 

Aquel que está preparado se une a la cadena, muy a menudo quizá donde menos lo esperaba, y en un punto del cual no sabía nada.

 

Volverse apto debe ser el único empeño de aquellos que buscan la sabiduría.

 

Pero hay métodos por los cuales esa aptitud puede alcanzarse, pues en ésta sagrada comunión se halla el almacén primitivo de la original y más antigua ciencia de la raza humana, junto a los misterios originales de todas las ciencias. Ésta es la única comunidad verdaderamente iluminada, la cual tiene la posesión absoluta de las claves de todos los misterios, conocedora del centro y la fuente de toda la naturaleza. Es una sociedad que une la fuerza superior a sí misma, y cuenta con miembros en más de un mundo. Es la sociedad cuyos miembros forman la república de los Genios, la Madre Regente del Mundo entero.

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