ATU XVIII - LA LUNA

 

Sendero de Qoph

 

En este Atu vemos al dios Khepra empujando al Sol como una pelotilla en su recorrido nocturno por el Norte. Debido a ese "ocultamiento" nocturno del Sol, símbolo de la divinidad interior, la llamada "noche oscura del alma" corresponde a esta carta. Esto implica que dicho ocultamiento y dicha noche oscura son en cierto modo fenómenos ilusorios, pues el Sol realmente no desaparece: sigue ahí, simplemente se oculta de nuestra vista temporalmente. Sólo cabe entonces esperar su retorno, y no dejarnos engañar por el efecto que pueda tener sobre nosotros su ausencia temporal. Esto de hecho forma parte del cambio de perspectiva que acompaña al Nuevo Eón, en el que el iniciado se identifica con el Sol y no con la Tierra, cuya rotación causa la ilusión de que el Sol desaparezca.

 

Los tonos fríos con que está pintada esta carta son los del elemento Agua de Piscis, Signo correspondiente a este Sendero. Ambos símbolos, característicos del cristianismo y del antiguo Eón (sólo cabe mencionar el Ichthys, "pez", acrónimo que forma la frase "Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador"), recuerdan en este contexto como en dicho Eón se tomaban las ilusiones mencionadas por realidad. De esta forma, no se identificaban con el Sol que nunca se pone, es decir no se consideraban parte de la Divinidad, concibiéndola como algo exterior a ellos, con todo lo que esto implica.

 

Las ondulaciones translúcidas representadas en la imagen subrayan el carácter nebuloso e irreal de este Atu. Las llamadas "Torres de Vigilancia del Universo", símbolo de la dualidad en su aspecto negativo, también son translúcidas (véase el punto donde se superponen con el "aura" del Sol). En este entorno, el punto central del Sol, como jeroglífico planetario, es sugerido por la misma pelotilla del Sol, que empuja el escarabajo. Su aura representa la circunferencia exterior. El camino que atraviesa los dos montes ilusorios por el medio surge de esta misma aura, como si el Sol mismo creara este camino. Esto se refiere al Dios interior de cada individuo como Hierofante de su propia Iniciación. Forma parte de la idea típicamente "paradójica" del camino que se hace a sí mismo.

 

Los dos Anubis son los guías en el País de los Muertos, el Amenti situado en el cuadrante Norte. "Salir al Día" es el objetivo del iniciado en esta carta, cuyas características son casi enteramente negativas para él (si bien esto no es así realmente: la A de Apofis es totalmente necesaria para la operación de IAO. Ver "Magia en Teoría y Práctica", capítulo V). Los perros a los pies de los Anubis son Cerberos, consagrados a Hécate, pues esta es la Luna inferior de la brujería y de la ilusión. Son los guardianes del Hades, que amenazan con castigar al Iniciado que atraviesa este trance, en caso de tomar esas ilusiones por realidad. Este "castigo animal" está insinuado en el tránsito de este Sendero, entre la Esfera dominada por los deseos e inclinaciones (Netzach), y la de nuestra relación con el mundo (Malkuth). De aquí nace todo género de brujería, superstición y magia negra, como apunta Crowley. Pero estos son casos extremos, en general esto se refiere a toda ilusión que fabriquemos y por la que nos dejemos engañar en nuestras vidas.

 

Este es, de hecho, el Atu asignado al "espejo mágicko": el instrumento mágicko con cuyas imágenes ha de evitar identificarse el iniciado. Este "espejo" reflectante corresponde al sensorium atribuido a la Luna, del que hemos hablado en anteriores Atus (Atu XXI). En este contexto nos recuerda que toda imagen reflejada por la Luna, toda forma Yetziráhtica de pensamiento, es en cierto sentido ilusoria, y que para llegar a la comunión con el Ángel en Tiphareth, a la L.V.X. verdadera del Sol, hemos de trascender todo esto. Como dice el Liber LXV, I:7-9: "No os contentéis con la imagen.Yo, que soy la Imagen de una Imagen os digo esto. No debatáis sobre la imagen, id Más allá! Más allá!(...)"

 

Se trata, en definitiva, de una especie de resumen simbólico de la labor y del objetivo del iniciado en la Orden Exterior, es decir, del trabajo de simplificación y de resolución de las complejidades de la mente y de la personalidad en un único punto, simbolizado por el Sol y por Tiphareth, como hemos visto en el Atu anterior. La dualidad de las Torres, los Anubis, etc, subraya ese "efecto reflectante", esa ilusión que atraviesa toda esta carta. Vemos de hecho como en la imagen el camino del Sol y del iniciado pasa por el medio, es decir, no se identifica ni con un lado ni con el otro.

 

La Luna creciente o menguante que preside la escena sugiere también un eclipse: otro símbolo de ocultación apropiado al sentido general de la carta. Las nueve Yods que caen de ella suman 90, el valor numérico de la letra Tzaddi, el anzuelo (Tzaddi significa "anzuelo" en hebreo) que saca al Pez (Piscis, la atribución dada a este Sendero) del Agua. En el contexto de esta carta, esto hace referencia al Iniciado, que consigue salir del influjo de la Ilusión de la vida mundana en Malkuth por medio de la Iniciación. El que las Yods sean de color rojo se relaciona con la sangre y la menstruación, ya que esta sigue un ciclo lunar. Esto de algún modo implica que la oscuridad es sólo una "fase" del ciclo de la vida, y que si perseveramos vendrá el amanecer y los "buenos tiempos", como se suele decir.

 

La letra Qoph atribuida a este Sendero, que significa "parte de atrás de la cabeza", es muy recurrida para explicar los procesos automáticos y reactivos de la psique en Netzach, cuyo producto deja su huella en la factualidad de Malkuth, procesos cuya sede se encuentra en esta parte posterior de la cabeza, en el cerebelo. James A. Eshelman recurre a este Sendero para atribuir los largos procesos de cambio evolutivo en las especies, en un contexto Macrocósmico.

 

Por último, la letra Qoph tiene el valor numérico de 100, que corresponde al valor de AUMGN (ver "Magia(k) en Teoría y Práctica") y de 10 x 10, o sea de Malkuth multiplicado por sí mismo, lo que Crowley atribuye a la "ilusión" (gnóstica en cierto modo) de la Materia, de la superficie de las cosas.

 

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