ATU XI - LUJURIA

 

Sendero de Teth

 

En este Atu aparece la Mujer Escarlata montando a la Bestia, paradigma de la unión de la Mujer y la Bestia que Crowley rastrea y define como un motivo común y recurrente en el simbolismo de todos los sistemas religiosos. Esta es la unión de Chesed y Geburah: el Padre y la Madre por debajo del Abismo, como reflejo de su unión por encima de este, entre los Sephiroth de Binah y Chokmah: la Madre y el Padre del Tetragrammaton. No sólo eso, sino que su intersección con el Sendero de Gimel se sitúa a una distancia media entre el Padre (o Padre-Madre Hermafrodita, Kether) y el Hijo, Tiphareth. El matrimonio entre el Sol (Leo, signo atribuido al Sendero de Teth) y la Luna (atribuida al Sendero de Gimel), se da asimismo en esta intersección: la Rosa-Cruz en su forma más elevada por debajo del Abismo.

 

El Abismo, de hecho, vuelve a aparecer aquí representado claramente, junto a la Copa de Babalón que recoge la sangre de los Santos, por cuya virtud únicamente pueden estos cruzar el Abismo, depositando toda su sangre en ella. Estos "Santos" pertenecen propiamente al grado de Adeptus Exemptus, y esta "sangre" está compuesta de sus vidas o almas individuales, perfeccionadas por medio del Trabajo en los Grados inferiores, hasta el punto en que han llegado al límite de su potencial kármico individual, y están listas para cruzar el Abismo y fundirse con la Vida Universal en Binah. Estas almas están representadas por esa especie de discos que penetran en la sangre de la copa, yendo a parar al otro lado, donde parece corresponder una serpiente para cada uno de ellas. Y en ese otro lado se da la llamada Comunión de los Santos, representada por un único punto que agrupa las (aquí representadas) diez almas que han cruzado el Abismo: 10 por los Sephiroth y por la Hija del Tetragrammaton, Malkuth, elevada al trono de su Madre en Binah. La Mujer de hecho es la misma Mujer del Atu XXI, que también representaba a la Hija.

 

El que la Bestia y la Mujer sean del mismo color sugiere también su unión. Ésta es la Bestia 666 del Apocalipsis, cuyas siete cabezas sugieren el Sello de Babalon y de la Astrum Argenteum, situada justamente tras ese Abismo, representado la aspiración y devoción de los Santos: los Adeptos Exentos. (Cabe recordar que la "verdadera" A∴A∴ únicamente existe en los Supernos por encima del Abismo, los miembros de Grados inferiores son sólo "aspirantes" a dicha Orden) En la cola de la Bestia aparece el León-Serpiente Abraxas, Señor del Sol: Leo, el signo atribuido a este Sendero, signo del Sol por excelencia.

 

Abraxas es también la Serpiente, aparte del León, y como tal en este contexto es la Serpiente del Génesis, conocedora del Bien y el Mal, lo que en cierto modo equivale a trascenderlos. Esta "trascendencia" de los contrarios es producto del matrimonio del Padre y la Madre. Y tratándose de la Serpiente, está también más allá de la vida y la muerte (ver Atu XIII), lo que cobra un significado particular en este Atu, estando el Santo y el Adepto Exento a las puertas mismas de esa trascendencia, trascendencia de la dualidad y la razón en todas sus formas, una vez cruzado el Abismo.

 

Compañera de la Bestia 666 (número solar por excelencia), la Mujer Escarlata suma 667 en griego (Hé Kokkiné Guné), otra correspondencia decisiva puesto que coincide con el valor de la frase hebrea "la Consciencia del Secreto de todas las actividades espirituales", atribuida a este Sendero, tal como aparece en el tratado del siglo XIII "Los 32 Caminos de la Sabiduría", comúnmente anexado al Sepher Yetzirah. Este "secreto" cobra mucho también del "ocultamiento" del Ermitaño del Atu anterior (ver Atu IX). Es el secreto del Ágape entre el Padre y la Madre por debajo del abismo, entre Geburah y Chesed. De algún modo es la misma "destrucción orgásmica" del Sendero (también horizontal) de Peh (ver Atu XVI), pero a un nivel Briáhtico, cuyo resultado e implicaciones son difíciles de imaginar, pues implican ya la apertura del Mundo de Atziluth y el ingreso en la tercera tríada.

 

Aquí el Mundo de Briah se vuelve sobre sí mismo, como en Yetzirah ocurría con el intelecto contra el deseo (Hod sobre Netzach). En este caso se trata del catalítico kármico de Geburah aplicado sobre el engendrador o Padre de la existencia, Chesed, y viceversa. El resultado trasciende el Karma de la encarnación y de la "vida y la muerte", la rueda de las encarnaciones, etc. Este Atu es, por lo tanto, cúspide y quintaesencia de la segunda tríada (la Orden de la Rosa-Cruz), tal como el Atu XVI lo era de la primera.

 

 

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